Tras años de reflexión sobre la simbología y la estética de la humanidad a lo largo de la historia, busco un punto de inflexión común a todas las culturas, artes y civilizaciones que permita comprender el impacto del ser humano sobre la Tierra, tanto en lo físico como en lo conceptual.
Ese hilo conductor se revela en la línea recta: una forma creada por y para el hombre, casi inexistente en la naturaleza, pero omnipresente en su obra. Desde las pirámides hasta una hoja de papel, la línea recta es el signo esencial de la civilización, un gesto simple que contiene en sí mismo la idea de orden, dominio y transformación.
En esta búsqueda, la pintura deja de ser solo materia o representación para convertirse en un diálogo entre realismo y abstracción, conceptos ya insuficientes para describir la complejidad de nuestro tiempo. La era digital ha transformado la percepción, la comunicación y el territorio, invitando al arte a encontrar nuevos lenguajes y herramientas para representar una realidad cada vez más fragmentada.
Así surgen los proyectos “El paso del Hombre”, “Desfragmento de la Línea Recta” y “Desfragmentos de Humanidad”, un recorrido plástico y conceptual que transita desde la huella del hombre sobre la naturaleza hasta la descomposición simbólica de su propia identidad. Un viaje entre la tradición pictórica y la mirada satelital, entre la materia y el píxel, entre el trazo humano y su reflejo digital.
A partir de 2004 comienzo una serie de obras abstractas y conceptuales inspiradas en el ecologismo, bajo el título “El paso del Hombre”. Estas piezas, marcadas por fuertes texturas y contrastes, evocan la naturaleza alterada por la acción humana: el rastro que dejamos sobre las superficies que habitamos. Cada obra es una huella, una memoria visual de esa transformación continua entre lo orgánico y lo artificial, entre la vida que respira y la materia que se desgasta.
De esa reflexión nace la búsqueda de un nuevo lenguaje, un punto de encuentro entre arte y tecnología. Encuentro la respuesta en Google Maps, una herramienta global que revela con crudeza las huellas reales de la humanidad sobre la Tierra.
En “Desfragmento de la Línea Recta”, la línea recta —símbolo del dominio humano— se convierte en el eje central: carreteras, canales, campos de cultivo, geometrías cerradas que encorsetan el paisaje natural. Es la huella más repetida del hombre sobre el planeta, una forma de orden que impone límites, que corta y fragmenta.
El proyecto reflexiona sobre esa obsesión por controlar el territorio, sobre cómo la necesidad de trazar líneas termina por desfigurar la propia esencia del paisaje.
Finalmente, “Desfragmentos de Humanidad” amplía la mirada y transforma la línea en metáfora de lo humano. Aquí, la fragmentación ya no es solo geográfica, sino emocional, social y existencial. Las huellas del hombre dejan de ser solo marcas sobre la tierra para convertirse en ecos de su propio desorden interior.
La serie invita a reconocer la vulnerabilidad que subyace tras el impulso de dominar, a contemplar los restos de humanidad que emergen entre las grietas del progreso. Es una reflexión visual sobre el equilibrio perdido, sobre la necesidad de reconstruir la conexión entre el ser humano y su entorno, entre la razón y la naturaleza, entre el trazo y la vida.
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